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El aumento del autismo en Chile: ¿más casos o más capacidad de ver?

  • Foto del escritor: Jimmy Herrera
    Jimmy Herrera
  • hace 6 días
  • 4 Min. de lectura

Hablar hoy de autismo en Chile ya no es marginal. Está en las aulas, en las familias, en las políticas públicas, en la conversación cotidiana. Y con ello aparece una idea que se repite con fuerza: “el autismo está aumentando”.Pero la pregunta realmente importante no es solo cuántos casos hay, sino qué significa ese aumento para nuestra sociedad.

Porque detrás de cada cifra hay personas reales, historias reales… y también un sistema que aún está aprendiendo a responder.


¿Está aumentando el autismo o estamos diagnosticando mejor?

Los datos muestran un aumento claro en las cifras de personas identificadas dentro del espectro.

En el sistema educativo chileno, el Ministerio de Educación reportó que durante 2023 más de 63.000 estudiantes fueron registrados bajo categorías asociadas a TEA dentro del Programa de Integración Escolar (PIE). Esta cifra ha crecido sostenidamente durante la última década.Esto no necesariamente significa que “nazcan más niños autistas”, sino que hoy se pesquisa más, se sospecha más y se diagnostica antes.


A nivel internacional ocurre lo mismo. El CDC de Estados Unidos reportó recientemente una prevalencia aproximada de 1 de cada 31 niños dentro del espectro autista. Estudios epidemiológicos globales (Lancet Psychiatry, WHO, PubMed) coinciden en que el aumento se explica principalmente por:

  • Mayor conciencia social

  • Mejores herramientas diagnósticas

  • Ampliación de criterios clínicos

  • Acceso más temprano a evaluación

  • Mayor formación profesional

En otras palabras: no apareció una epidemia de autismo; apareció una sociedad que empezó a mirar mejor.

Y eso, en muchos sentidos, es una buena noticia.


Cuando el aumento ayuda: visibilización, derechos y dignidad

El crecimiento en los diagnósticos ha tenido efectos profundamente positivos.

Primero, ha permitido que miles de niños, adolescentes y adultos dejen de ser etiquetados como “problemáticos”, “flojos”, “raros” o “difíciles” y comiencen a ser comprendidos desde su neurodivergencia.


Segundo, impulsó avances legislativos como la Ley 21.545 (Ley TEA), que reconoce derechos, promueve ajustes razonables y obliga a instituciones de salud y educación a generar condiciones más inclusivas.

Tercero, ha permitido que muchas familias pasen del desconcierto a la comprensión. Para muchos padres y madres, el diagnóstico no es una condena, sino un alivio: por fin hay una explicación, un marco, una hoja de ruta.


Cuando el diagnóstico se utiliza bien, abre puertas, no las cierra.

Cuando el aumento duele: sistema saturado, etiquetas vacías y exclusión encubierta


Pero no todo es positivo. Y aquí es donde la conversación debe madurar.

El aumento en la detección ha tensionado sistemas que no estaban preparados:

  • Listas de espera interminables en salud pública

  • Equipos escolares sobrecargados

  • Profesores sin formación suficiente

  • Familias agotadas intentando coordinar apoyos

  • Profesionales trabajando al límite


Además, ha surgido otro riesgo más sutil pero igual de dañino: la etiqueta sin comprensión.

Cuando el diagnóstico se transforma en un papel administrativo, en una categoría para justificar subvenciones o en una excusa para bajar expectativas (“es TEA, no va a poder”), el diagnóstico deja de ser una herramienta clínica y se vuelve una jaula.


Paradójicamente, en nombre de la inclusión, a veces se termina excluyendo más.

Y hay un dato que incomoda: las denuncias asociadas a vulneración de derechos de estudiantes autistas ante la Superintendencia de Educación han aumentado significativamente en los últimos años. No porque haya más familias conflictivas, sino porque hay más conciencia de derechos y más frustración frente a instituciones que aún no logran adaptarse.


La pregunta incómoda que nadie quiere enfrentar

El verdadero problema no es que haya más personas autistas.El problema es que seguimos viviendo en sistemas diseñados para un solo tipo de mente.

Escuelas rígidas.Jornadas extensas.Ambientes sobreestimulantes.Modelos laborales inflexibles.Comunicación basada en normas implícitas.

Cuando una persona autista sufre en estos contextos, no es necesariamente por su condición, sino porque el entorno no está pensado para la diversidad humana real.

El aumento de diagnósticos nos enfrenta a una decisión colectiva:

  • ¿Seguiremos intentando “normalizar” a las personas neurodivergentes?

  • ¿O tendremos el coraje de rediseñar nuestros espacios para que quepan más formas de ser humano?

Un futuro más honesto (y más humano)

El crecimiento en las cifras de autismo puede ser una oportunidad histórica.

Puede empujarnos a:

  • Diseñar aulas más flexibles

  • Humanizar la atención en salud mental

  • Formar profesionales con enfoque neuroafirmativo

  • Acompañar a las familias sin culpas ni recetas mágicas

  • Dejar de hablar de inclusión como discurso y empezar a vivirla como práctica cotidiana

Porque el desafío real no es diagnosticar más.El desafío es construir una sociedad donde ese diagnóstico no sea una carga, sino simplemente una característica más de la diversidad humana.


Ahora bien... quiero dejar unos mitos...

Mitos y Verdades sobre el Autismo

Mito 1: “Ahora hay mucho más autismo que antes”Verdad: Hay más diagnósticos porque sabemos más, pesquisamos antes y entendemos mejor el espectro.

Mito 2: “El autismo es una enfermedad”Verdad: El autismo es una condición del neurodesarrollo, no una patología que deba “curarse”.

Mito 3: “Todas las personas autistas son iguales”Verdad: Si conoces a una persona autista, conoces a una persona autista. La diversidad dentro del espectro es enorme.

Mito 4: “El diagnóstico limita”Verdad: Lo que limita no es el diagnóstico, sino el entorno que no se adapta.

Mito 5: “La inclusión ya está resuelta porque hay leyes”Verdad: Las leyes ayudan, pero la verdadera inclusión ocurre en la sala de clases, en la casa, en el trabajo y en la actitud cotidiana.


Con cariño... Ps. Jimmy Herrera

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